Google presume constantemente de tener uno de los sistemas de seguridad más avanzados del mundo. Verificación en dos pasos, alertas de actividad sospechosa, protección contra malware y controles de privacidad cada vez más visibles. Sin embargo, en medio de todas estas capas de protección, existe una función que la mayoría de usuarios nunca revisa, permanece activa por defecto y puede convertirse en un punto débil real si no se configura correctamente.
Lo más preocupante no es que esta función exista, sino que maneja información sensible, conecta aplicaciones externas con tu cuenta de Google y puede permitir accesos que pasan completamente desapercibidos. No genera alertas claras, no envía notificaciones constantes y rara vez el usuario entra a revisarla por iniciativa propia.
En esta publicación te explicamos qué es esta función, por qué puede representar un riesgo, cómo funciona realmente y qué debes hacer para revisarla y proteger tu cuenta antes de que sea demasiado tarde.
El problema no es Google, es lo que tú no revisas en tu cuenta
Cuando una cuenta de Google es vulnerada, la mayoría de personas asume que fue víctima de un hackeo directo, un virus o un ataque sofisticado. En la realidad, muchas cuentas son comprometidas sin que nadie “las hackee”, simplemente porque el propio usuario permitió accesos que olvidó revisar con el tiempo.
Google permite que aplicaciones, extensiones, servicios web y plataformas externas se conecten a tu cuenta. Esto es útil, cómodo y, en muchos casos, necesario. El problema aparece cuando esos accesos quedan activos durante años, incluso cuando ya no usas la aplicación o cuando la empresa que la desarrolló dejó de ser confiable.
La función que casi nadie revisa es el acceso de aplicaciones y servicios de terceros a tu cuenta de Google. Allí se almacena un historial completo de todo lo que tiene permiso para ver, modificar o interactuar con tu información.
Accesos de terceros: la función silenciosa que puede abrir la puerta a problemas
Cada vez que usas una app para iniciar sesión con Google, sincronizar datos, acceder a tu correo, a tu Drive o a tu perfil, estás otorgando permisos. En muchos casos, esos permisos son amplios y poco claros para el usuario promedio.
El problema no es dar permisos, sino no revisarlos nunca más.
Algunas aplicaciones pueden tener acceso a:
Tu información básica de perfil
Tu correo electrónico
Archivos de Google Drive
Calendarios
Contactos
Actividad de la cuenta
Aunque Google clasifica estos accesos como “seguros”, la realidad es que si una app es abandonada, vendida o comprometida, esos permisos siguen activos.
Esto significa que una aplicación que instalaste hace años, que ya no recuerdas y que ni siquiera usas, podría seguir teniendo acceso parcial a tu cuenta.
Por qué esta función representa un riesgo real en 2025
En los últimos años, el ecosistema digital ha cambiado drásticamente. Muchas aplicaciones pequeñas desaparecen, otras son compradas por empresas desconocidas y algunas simplemente dejan de recibir mantenimiento. Cuando esto ocurre, sus sistemas pueden quedar expuestos a vulnerabilidades.
El riesgo no es inmediato ni visible, y por eso es tan peligroso. No hablamos de un ataque directo, sino de una exposición silenciosa que puede derivar en:
Filtración de datos personales
Uso indebido de información de perfil
Acceso indirecto a servicios vinculados
Actividad sospechosa que no parece un hackeo
Además, muchos usuarios confían demasiado en la verificación en dos pasos, sin saber que los accesos de terceros no siempre requieren volver a autenticarse una vez concedidos.
Google no te avisa porque asume que tú lo controlas
Aquí está uno de los puntos más críticos: Google no envía alertas periódicas para recordarte qué aplicaciones tienen acceso a tu cuenta. El sistema asume que el usuario es consciente de los permisos que ha otorgado.
Esto provoca que:
Los accesos se acumulen con los años
Se olviden aplicaciones antiguas
Se mantengan permisos innecesarios
La superficie de riesgo aumente sin que lo notes
No es un fallo de seguridad como tal, sino una falla de gestión del usuario, y Google lo sabe. Por eso, aunque la función es legítima, requiere revisión manual periódica.
Casos reales: cuando el problema no fue una contraseña robada
Muchos reportes de usuarios en foros y comunidades de tecnología coinciden en algo: cuentas con actividad extraña, correos enviados sin permiso, archivos accedidos o cambios leves que no parecen un hackeo tradicional.
En varios de estos casos, la causa fue una aplicación antigua con permisos activos. No hubo malware, no hubo phishing reciente, no hubo contraseña filtrada. Solo un acceso autorizado que nunca se revocó.
Esto demuestra que no todo ataque viene desde afuera, a veces el problema está dentro de la propia configuración.
Qué tipo de usuarios están más expuestos a este riesgo
Aunque cualquiera puede verse afectado, hay perfiles más vulnerables:
Personas que:
Usan muchas apps y servicios online
Han iniciado sesión con Google en múltiples plataformas
Prueban aplicaciones nuevas con frecuencia
Usaron extensiones antiguas en Chrome
Tienen cuentas de Google con muchos años de antigüedad
Entre más antigua y más usada sea tu cuenta, más probable es que tengas accesos olvidados.
La falsa sensación de seguridad que engaña a muchos usuarios
Tener contraseña fuerte, verificación en dos pasos y alertas activas es importante, pero no suficiente. Estas medidas protegen contra accesos no autorizados directos, pero no controlan lo que tú ya autorizaste en el pasado.
Este es el error más común: pensar que una cuenta es segura solo porque no ha mostrado problemas visibles. La seguridad digital no funciona solo de forma reactiva, sino preventiva.
Revisar esta función no es paranoia, es higiene digital
Así como limpias tu celular de apps que no usas o revisas permisos de ubicación, tu cuenta de Google también necesita mantenimiento. Revisar accesos de terceros no significa desconfiar de Google, significa usar la plataforma de forma responsable.
Expertos en ciberseguridad coinciden en que una revisión periódica de permisos es una de las prácticas más efectivas para reducir riesgos sin instalar nada adicional.
Conclusión: una cuenta segura no es la que nunca fue atacada, sino la que se revisa
Google ofrece herramientas potentes de seguridad, pero ninguna funciona sola si el usuario no revisa lo que ocurre dentro de su cuenta. La función de accesos de terceros no es peligrosa por sí misma, pero se vuelve un problema cuando se ignora durante años.
En un entorno digital cada vez más conectado, donde una sola cuenta da acceso a correo, archivos, fotos, contraseñas y servicios, revisar quién tiene permisos es una responsabilidad básica.
No esperes a notar algo extraño para actuar. La mayoría de problemas de seguridad no empiezan con una alerta roja, empiezan con pequeños descuidos acumulados en el tiempo.
